viernes, 9 de septiembre de 2016

Súcubo y el Ángel Caído o el Sueño de una Noche de Verano (Desenlace)

Foto video oficial "sex on fire" de los Kings of Leon 








... ¡siii!, allí estaba de nuevo...

¡¡Buff!! Mi corazón percutía con ímpetu bajo mi pecho. Perfecto test cardiaco para un cincuentón recién estrenado. Estaba tan obsesionado por conocer la verdadera identidad de mi partenaire que tal vez me hubiera excedido con la estimulación física y sensorial. Allende los años de mi juventud gustaba experimentar con diferentes sustancias y con diversas mezclas para conocer los entresijos de mi mente... y por diversión, que uno era (es) muy básico. Los resultados fueron de lo más diversos puesto que ni las dosis ni los maridajes y ni mi mucho menos mi estado físico o mental eran siempre los mismos. Somos una amalgama de variables que a veces, solo a veces, nos guardamos alguna sorpresa. Unas gratificantes y otras angustiosas pero siempre muy pedagógicas. La maravilla y el terror se encuentran a ambos lados de la fina seda de un desvarío mental. En una de aquellas mezclé varios analgésicos para un dolor en la espalda, entre ellos metámizol magnésico (nolotil) con hachís, anfetaminas, una generosa variedad de alcoholes y creo recordar que también una pequeña dosis de L.S.D. Todo ello en una "coctelera" mal nutrida y agotada tras varios días de fiesta. El resultado fue una especie de desprendimiento de ego, por llamarlo de alguna manera. Podía sentir el latido de mi corazón en cada músculo, en cada hueso. Perdí el habla y me pude observar desde fuera con una congelada sonrisa... en fin, lejos de asustarme me dediqué a hacer de voyeur de mi mismo. Eso es algo que aprendí muy pronto viendo que muchas personas terminaban con serias secuelas psicológicas y en algún caso con severas patologías. Nunca debía intentar reconducir la mente cuando esta se desbocaba de "viaje".
Dejarse llevar, observar y aprender. Si eres viajero esporádico debes regresar íntegro.
Al "porrito" de "María", un poco más cargado de lo habitual, a la copa (o copas) de Jack y a la fuerte estimulación que me provoca el almizcle, le sumé una especie de "vitamina sexual" que adquirí por Internet para conseguir un óptimo rendimiento. Me habían asegurado que era la bomba y que mi respuesta sería más vigorosa alargando las sensaciones y gozando como nunca.
Pronto la capacidad de percepción de mis sentidos sería puesta a prueba. Una vez más, su hipnótica sonrisa y su embriagador aroma me envolvieron por completo. Tenía puestas las prendas que le había preparado con tanto mimo. Ciertamente la tenue luz, las deliciosas y variadas fragancias de la noche y la severa excitación, le daban a la velada un toque de cierta irrealidad.

La pura verdad es que no tenía miedo en absoluto, estaba preparado para lo que fuera. No me importaba morir, ni tan siquiera me inquietaba la posibilidad del dolor físico.
Me arrastraban hacia un profundo pozo todos los acontecimientos que se abalanzaron sobre mí en los meses previos y ni siquiera podía intuirlo. Estaba más cerca del abismo de lo que podía reconocer. Mi pobre intelecto me decía que todo estaba correcto, que la transición había sido la adecuada y que debía sentirme feliz y satisfecho. Pero mi interior estaba derruido, los sentimientos que pretendía enterrar eran los de un alma hueca y solitaria hasta la desesperación. En el fondo la autodestrucción me parecía una salida más que honorable y si a alguien le había entregado el "honor" de ayudarme a conseguirlo ese alguien era mi adorable "demoni@".
Una poética manera de alcanzar la transcendencia a esta vida sería abandonándola al alcanzar el clímax durante el más potente de los orgasmos. Quizá sus impulsos eléctricos se desplacen por el Eter a la velocidad de la luz por toda eternidad.

Se acercó con suavidad, como deslizándose sobre el piso. Sin dejar de sonreir me besó y se sentó sobre mi. Comenzó con sus expertas caricias. Por donde sus manos pasaban, posaba sus labios y su lengua. Mordió uno de mis pezones y me arrancó un quejido. Mi cara de sorpresa le debió encantar porque prosiguió con su delicada tarea vestida de un pícaro semblante. Prosiguió deleitándome con todo su repertorio de caricias, besos, lametones... ¡y mordiscos!, esta vez lo hizo con más fuerza donde el trapecio se une con el cuello. Ya no me sorprendió y esta vez me encantó. Si, me excitó sobremanera. Luego me besó con ansia en la boca, me ofreció su jugosa lengua y me mordió el labio. El dolor me enardeció aún más, noté el sabor de mi sangre y la miré con una mezcla de estupor y curiosidad. Se inclinó hacia atrás mientras se relamía golosa y entornaba sus ojos.
Entonces cuando los abrió cambiaron de forma y de color. Eran como de reptil, mecánicos y fríos. Me miró fijamente a los ojos y al sonreír sus colmillos se mostraronn afilados y brillantes mientras por las comisuras de su boca se deslizaba mi sangre. Cerré los ojos, sacudí la cabeza y volví a mirar. Todo estaba bien. Habría sido una alucinación... tal vez. Pisaba terreno desconocido aunque nada en este mundo me hubiera persuadido de desistir esa noche.

Se quitó la camiseta dejando a mi alcance sus preciosos pechos, intenté incorporarme para acariciarlos y besarlos pero ella me paró con brusquedad sujetándome las manos por encima de mi cabeza mientras negaba chasqueando la lengua. Cuando sus duros pezones se paseaban por mi piel y me volvía a morder en el cuello justo debajo de la nuca, una intensa descarga eléctrica recorrió toda mi columna hasta desatar un escalofrío que me puso en órbita estratosférica.
Siguió con sus caricias y besos mientras me miraba sonriendo y relamiéndose. Sus ojos cambiaban de gata a lagarta para volver a su precioso verde turquesa mientras sus colmillos se alargaban por momentos inyectados en sangre. Siguiendo con mi proceder habitual cuando mi percepción se alteraba, me dejé llevar. La suerte estaba echada. Estaba en sus manos totalmente entregado.
Se levantó de la cama y se quitó el boxer para quedar desnuda y preciosa ante mi. Seguido se acercó a la cómoda y agarró algo que escondió de mi vista para traerlo consigo hasta el lecho... mis sentidos no perdían detalle, tenía asiento de primera fila para mi ansiado espectáculo final...


Era un frasco con una especie de aceite perfumado a tono con el ambiente y el resto de los aromas: excitante hasta la locura. Aplicó con suavidad y extrema sensualidad por todo su cuerpo el maravilloso ungüento. ¡No lo podía creer!, no sé si demonio pero estaba claro que se trataba de una bruja, debí suponerlo siendo pelirroja... ¿Cómo podía ella saber sino que era esa una de mis más deseadas fantasías?. Me iba a dar un masaje "nuru" en toda regla. Frotó mi cuerpo con el suyo deleitándose en cada centímetro de piel elevándome hasta el límite de la locura. Como en el más caliente de mis ensueños comenzó a "devorarme" el miembro con lengua y manos expertas y endiabladas. Sin dejar de pensar en sus aguzados caninos no podía estar más cachondo. Entre sus caricias y su aroma, la incertidumbre y todo lo que había tomado, todo mi ser se resumía en una sola palabra: sexo.
Teniendo claro que me había rendido a sus encantos como nunca lo había hecho y no habiendo nada que temer, dejé de "reposar debajo" para desplegar mis negras alas de ángel caído e intentar devolver aunque solo fuera una pequeña parte de lo que me estaba regalando.
Alternando felación, masaje, besos y caricias, cuando se acercó a mi boca para besarme (o morderme), la agarré fuerte de las caderas para voltearla e intentar ponerme encima y darla un buen masaje con todo mi ser. Se resistió al principio y tuve que sujetarla los brazos pero una vez comencé a frotarme con ella, lamerla, besarla y si, ¡morderla!, se relajó y me dejo hacer. La recorrí por completo de manera exhaustiva pero cuando llegué a su sexo me empleé con fruicción y deleite en cada pliegue. Nunca había probado nada tan dulce y mira que puedo ser goloso. Sus gemidos y sus grititos eran música para mis oídos y cosas de la mente me acordé de esa letra de Raimundo Amador: " Ay que gustito p'a mis orejas, enterradito entre tus piernas".


Continuamos sacándonos brillo hasta que ya no pude más. De nuevo la agarré de las nalgas y la incorporé en volandas para apoyándola en la pared penetrarla con furia. Fue increíble hasta el delirio, follamos con ansia desatada como si se tratara de la última vez en nuestras vidas. Me vacié por completo como no recordaba y eso solo fue el principio. Regresamos a la batalla una y otra vez muriendo y renaciendo hasta perder el sentido. Si existe la tormenta perfecta desde luego esa noche se desató en mi cuarto. Confundí su piel con mi piel, mi corazón con el suyo y su sabor fue mi sabor.
Cuando llegara el alba, si despertaba, bien, sino... ¡perfecto!. 

Desconozco cual es la combinación perfecta de excitación, estimulación química u orgánica e impulso sexual pero aquella noche, la noche de mi medio siglo, solo el agotamiento pudo terminar con el sexo. Ignoraba hasta entonces que este pudiera ser cuasi infinito. Sospecho que todo está en la mente y es a ella a la que hay que estimular y creo que cada uno debemos encontrar las herramientas precisas para alcanzar la plenitud. Para mi todas son válidas si nos sirven con prestancia. Incluidas las
drogas de cualquier tipo. Por supuesto que también es posible conseguir nuestro propósito a piel descubierta y sin estímulos externos. Como digo todo es legítimo cuando es gozoso y consentido por toda parte.


¿Recuerdan aquella película famosa donde el protagonista amanecía una y otra vez en el mismo día?. "Atrapado en el tiempo" era su título en castellano. Pues esa misma sensación me envolvió cuando una vez más el calor del mediodía me arrebató con dulzura de entre los brazos de la reina de las nebulosas.

Poco a poco fui despertando y repasando el "escenario del crimen". Nada lo diferenciaba del mentado día de julio así que dejé que la secuencia de acontecimientos me llevara hasta la recepción para pasar el trámite ante Daniela.
La misma charla, mi misma mirada escrutadora... todo igual, nada de nada. Era como para volverse loco. Entonces me despedí amablemente y me dispuse apesadumbrado a salir de allí sin rumbo claro.

Y fue entonces, apenas había enfilado la puerta cuando sentí una tremenda palmada en el culo que resonó potente en la estancia. Me giré como un resorte y allí estaba ella, con mirada, sonrisa y pose que pude reconocer de inmediato. En realidad hasta entonces lo único que enlazaba la noche con el alba era su inconfundible aroma. Mi cara de sorpresa debió ser más que elocuente porque pasó de la sonrisa a la carcajada. Lo estaba pasando en grande. Mi impulso posterior fue abalanzarme sobre ella para estrecharla entre mis brazos, besarla y aspirar a fondo su perfume pero ella me detuvo en seco con su palma izquierda en mi pecho mientras con el índice de la otra mano negaba tajántemente:
-"¡Aquí ni se te ocurra campeón!"-.
Las preguntas se amontonaban en mi cabeza y las palabras se atropellaban cuando balbuceando intentaba construir frases coherentes:
-"Pero... ¿Cómo es posible...?, ¿Tú... Sabías que yo...?, ¿Cuándo...?, ¿Por qué no...?, ¡Serás hija de puta!-"
Pasado el estupor inicial las carcajadas invadieron el espacio por completo. ¡Qué liberación!. Odio sentirme obsesionado y necesitaba salir de esa especie de espiral de oscuros pensamientos que me tenían neurótico perdido.
Con un profundo suspiro la tremenda carga que me lastraba fue liberada. Entonces más relajado  procedí a escuchar con sumo interés sus explicaciones:
-"¡Tranquilo John Wayne, amarra esos caballos!. ¡Atempera tu ímpetu!. 
Bueno nene, no sabía que andabas tan perturbado, además hasta este momento no habías preguntado nada. Pensé que era parte del juego al que me retaste y decidí continuar. Me encanta esa parte donde me hago la tonta... ¡me chifla!. ¿Y las caras que pones?... ¡genial!. Porque lo de regar las plantas era un eufemismo de "ven a que nos demos un revolcón", ¿no?. Ante la duda subí y vi que no te habías ido así que para mi estaba cristalino como el agua. Esta noche pasada también te ibas. ¿no lo recuerdas?. Y ahí estabas esperándome...
No me faltan los pretendientes y a pesar de ello llevo una vida de lo más monacal. No me gusta ni cómo me miran ni como me hablan. Yo necesitaba algo más y vi en tus ojos y en tu forma de mirarme algo que me cautivó. Noté tu soledad y me resultaste muy inocente... ¡y no veas cómo te va la marcha!. Ante todo gracias por ser y por estar conmigo. Por unos instantes me arrancaste de las garras de la gris rutina"-

Ella era una criatura del averno de lo más recomendable. No solo me devoraba, desgarraba y abrasaba sino que me calmaba como nadie.

Ella, con sus refulgentes ojos inyectados en sangre y con su viscosa lengua bífida aplacó mi soledad. 

Ella reparó mis alas para que, lejos de estrellarme, tomara tierra suavemente.

Ella no lo supo entonces ni en las posteriores esporádicas ocasiones en que nos dimos permiso para sumergirnos en nuestras profundidades.


Ella, mi querida diablesa, me arrancó del infierno.



Manolo Garcia-Giro Teatral (Acústico)









  



jueves, 23 de junio de 2016

Súcubo y el Ángel Caído o el Sueño de una Noche de Verano

Después de tantos días de bruma, tras interminables noches de vigilia y toda vez que la pesadilla por fin quedó como el vago recuerdo de algo amargo y doloroso. Entonces, mientras echaba una mirada al frente y podía contemplar un infinito horizonte despejado, límpido y brillante. Una extraña sensación me invadió por completo. Por primera vez en mi vida no estaba preocupado por nada ni por nadie. Nada que no fuera una enorme curiosidad por ver lo que el devenir me tenía preparado y la tremenda excitación de un adolescente a punto de perder la virginidad.
Llegar a la conclusión de que lo mejor para los dos era la separación definitiva y que después de toda una vida de innumerables vivencias, lágrimas, esperanzas y decepciones, lo más sano para los dos era terminar y seguir caminos diferentes había sido cualquier cosa menos fácil.

De pequeño fui un niño muy celoso con mi madre, un Edipo de manual. Sufría lo indecible por no sentir que era lo suficientemente amado, cosa que no era cierta pero claro, los celos son así, totalmente irracionales. Afortunadamente eso es algo que me enorgullece haber superado. Cuando mi ex-pareja me confesó, no sin cierto rubor y con evidente nerviosismo, que había conocido a alguien especial y que estaba muy ilusionada me sentí en principio muy extraño. Sé que no le resultó nada fácil y en algún momento se le escapó alguna lágrima a pesar de sus esfuerzos por controlar la emoción. Ella es así, fiel a sus principios, leal con sus seres queridos y sincera hasta las últimas consecuencias. 
Habían pasado ya unos diez meses y a pesar de eso compartíamos aún la vivienda familiar, aunque haciendo vidas independientes.
La noticia me dejó sin palabras durante un instante que se me antojó infinito. Respire hondo y medité unos segundos mientras nos sentábamos para charlar con calma. Una vez superado el impacto inicial, una agradable sensación me invadió. Sentía que si mi amor por ella seguía siendo grande no podía menos que alegrarme. Si era feliz yo también lo era y en cierto modo me sentía aliviado por ello. Incluso se me pasó por la cabeza pedirla que me presentara al afortunado para de ese modo comprobar que era alguien que la mereciera y pudiera hacerla feliz. Desde luego lo deseche de inmediato, todos tenemos el derecho y el deber de intentar encontrar el camino correcto para bien o para mal pero siempre con nuestro corazón y nuestro entendimiento.

Efectivamente había llegado el momento de partir de forma definitiva, en realidad ese era el impulso que necesitaba para levar anclas y dar comienzo a mi nueva singladura. Saber que Maialen, mi hija, a pesar de encontrarse en la otra parte del mundo, trabajaba haciendo lo que le gusta junto a su pareja, una chica de su edad con la cabeza tan bien amueblada como la suya, que la complementaba y la servía de apoyo incondicional, me tranquilizaba mucho como padre y, a pesar de que nadie puede garantizarme que no vaya nunca a caerse y no vaya a sufrir ningún daño, me ayudó a comprender que ella también debía buscar su propia senda sin injerencias de ningún tipo. Sin duda lo que más contribuyó a sentirme libre del yugo del miedo fue comprobar que de esa forma estaríamos mucho más unidos y que nuestro amor se fortalecería con el transcurrir de la vida.

Mis padres murieron, sin hermanos ni familia cercana, con mi proyecto de vida en común finiquitado y con mis chicas razonablemente felices solo me quedaba empezar de cero. Con buena salud, sin problemas económicos, con un montón de años y sin ningún tipo de vértigo. 
Un flamante cuaderno en blanco listo para ser acariciado por la pluma entintada de mi destino. 
Eso era yo.

Una de las cuestiones que tenía más claras era la de mi nueva ubicación. Le pensaba dar un giro drástico a la ecuación vida urbana-vida rural. De vivir de manera continuada en una metrópoli que siempre me pareció viva y excitante, realizando escapadas esporádicas a la montaña. Pensaba retirarme a un lugar bastante apartado para cambiar de forma radical mi modo de vida y buscar, cuando fuera necesario, el relajo de la rutina en incursiones meteóricas en la gran ciudad.
Para ello debía conseguir una transición lo menos traumática posible y dejar mi trabajo urbano por una nueva ocupación rústica. Además debía ultimar las obras en mi nueva cabaña en la sierra a la que pensaba dotar de todo lo necesario para conseguir la autosuficiencia energética y equiparla de un modo que, si fuera mi decisión, pudiera hacer una vida totalmente aislada. 
Mientras le daba forma a mi proyecto decidí buscar algún apartamento de alquiler en la ciudad que me evitara costosos desplazamientos.

Encontré un alojamiento que me hizo dudar mucho porque me pareció ideal en todos los sentidos. Sé que puede parecer extraño pero si me acomodaba demasiado quizá demoraría más de lo necesario mi partida definitiva.
Era un edificio de varias plantas dedicado en su totalidad a el alquiler. Disponía de todas las combinaciones posibles de modo que cada cual se podía amoldar según sus circunstancias económicas, familiares, etc. Yo me decanté por una habitación con baño, un pequeño "office" y una hermosa terraza en la que colocar mi pequeña selva móvil y sentirme lo más cómodo posible. Había hecho todas las gestiones por internet y solo tuve contacto con una persona del complejo cuando recogí las llaves unas semanas antes.

El lugar disponía de una recepción donde realizar cualquier gestión y solicitar servicios de mantenimiento, lavandería, mensajería...
Y era allí donde residía la razón de mis futuros desvelos, la persona que estaba a punto de arrastrarme hacía la locura absoluta.
Daniela era pelirroja, pero pelirroja de verdad, ojos verdes y una sonrisa hipnótica. Extrañamente no era de piel blanca, tenía un adorable tono moreno en un precioso cuerpo de curvas sedosas y delicadas. Dotada de una pausada y adorable voz aterciopelada, me desarboló por completo desde el primer segundo.
No me lo podía creer, apenas unas semanas de vida recién estrenada y de nuevo obnubilado por una hembra. ¡Joder!, solo necesitaba un poco de tregua.
Lo que más me descolocaba sin ninguna duda era su aroma. Los científicos del mundo no se ponen de acuerdo sobre la existencia o no de las feromonas humanas pero yo de siempre lo he tenido claro. Es posible que sean conscientemente indetectables para el resto pero yo soy capaz de seguir un rastro femenino con los ojos vendados. El aroma transmite toda la información a cerca de una mujer que un hombre necesita conocer. Y Daniela me decía claramente que me volvía loco.
Habitualmente no tenía mucho contacto con ella aunque debo reconocer que acudía a la recepción bastante más de lo necesario y siempre que lo hacía terminaba medio lelo con una estúpida sonrisa, con su olor metido en mi cerebelo y con una severa excitación. Creo que un urogallo en celo tiene más control sobre sus instintos de lo que yo siquiera hubiera podido soñar.
Una de mis visitas fue para pedirla que durante mis ausencias prolongadas, que previamente le comunicaría, pasara por mi habitación para regar la ingente cantidad de plantas que cultivaba. Naturalmente cobrando por ello la correspondiente minuta a lo que ella respondió que no era necesario, que lo haría de mil amores. Todo ello sin abandonar su magnética sonrisa.
El verano de ese año fue muy caluroso... y muy húmedo.
Era un viernes de julio y ese fin de semana no me escapé a la montaña. En pocos días estaría de vacaciones así que tendría mucho tiempo para ultimar mis asuntos.
Estaba agotado, en parte por el calor y en parte por el intenso trabajo. Cené algo de fruta y salí a la terraza a relajarme un poco antes de dormir. Era un lugar muy tranquilo, mi fachada daba a un parque con una pequeña laguna. Sin ruidos de tráfico y, a esas horas, casi sin gente. El canto de los grillos y alguna lejana rana en pleno éxtasis reproductor, los aromas de flores y plantas sumado al suave crepitar de la fuente del estanque le daban un ambiente totalmente moruno y mágico que invitaba a gozar de aquella noche de verano.
Habitualmente, varias veces al día acudía a mí la imagen y el aroma de Daniela. Lejos de resultarme obsesivo, me agradaba sobremanera su constante presencia en mi mente. De nuevo, esa noche, se asomó por unos minutos, me acaricio su recuerdo y me inundó su fragancia para, de nuevo, desaparecer. ¡Vaya forma de embrujarme!.
Me lié un "canuto" de "María" muy flojillo, como para provocar un plácido sueño y me puse una copa de Jack Daniel´s con un hielo, como para deleitar mi paladar. La suerte estaba echada, iba a descansar como un titán.
Toda vez que empecé a sentir la pesadez de mis párpados y que como si de un canto de sirenas se tratase un profundo sueño me reclamaba. Levité hasta la cama para entregarme a los brazos de Morpheo con total sumisión.
  
Me acosté como habitualmente lo hacía, con un fino boxer ajustado y sin costuras. Tapado hasta el ombligo con una suave y ligera sábana de algodón. Me desmayé de inmediato. Entré en un profundo y agradable sueño jalonado de imágenes y sensaciones placenteras. Todo resultaba como un delicado camino de rosas que mi subconsciente parecía prepararme y que me conducía irremediablemente hasta la imagen y el aroma de la pelirroja de mis entretelas. Una enorme excitación me envolvió por completo. No recordaba haber tenido jamás un sueño erótico tan nítido y con tanto detalle. Su esencia impregnaba todo el espacio de una manera clara y notoria. Estaba en esa fase del sueño fronteriza entre lo onírico y la consciencia. En zona crepuscular difusa y narcotizante. Entreabrí los ojos con suavidad, la habitación estaba en penumbra pero la luz bastaba para distinguir imágenes con suficiente claridad. Ella estaba de pie frente a la cama y su sonrisa iluminaba la estancia de una forma totalmente irreal. Increíblemente no me sorprendió. Llevaba puesta una camiseta blanca de tirantes que resaltaba deliciosamente su piel morena y una especie de braguita o slip ajustado del mismo color. Ambas prendas demasiado parecidas a las que descansan habitualmente en los cajones de la cómoda de mi habitación. Se acercó hacia mí con calculada parsimonia. No podía precisar si todo era real o no pero no me importaba lo más mínimo. Mi excitación aumento hasta cotas peligrosas. La erección era tan brutal que sentía un enorme dolor en el pene de la presión que ejercía contra el slip y la sábana.  
Me besó en la boca y susurró algo en mi oído mientras acariciaba mi cuerpo con carencia, pausa y presión matemáticas. Estaba como paralizado, aunque creo que algo me decía que debía dejar que Daniela me enseñase sus artes amatorias. No podía mover mis miembros... bueno, el principal interesado estaba desbocado y molesto. Preso de la tela pedía a gritos liberación cosa a la que ella puso solución con la debida suavidad y cariño. Fue indescriptible, conocía mejor que yo mismo cada poro de mi piel y cada rincón del placer. Sabía con quirúrgica precisión lo que yo necesitaba, cómo lo deseaba y sobre todo, cuándo debía dármelo.
Todo se difuminó; el cielo, la tierra; lo cierto, lo falso.... 
La expresión "joderme vivo" nunca había tenido tanto sentido literal. Se desnudó con medida e irresistible picardía y descaro. Creí enloquecer de deseo. Me cabalgó con elegancia, pasión y desenfreno durante un tiempo infinito. Perdí la noción de las veces que me pude correr y fueron incontables las secuencias de su vientre convulsionando sobre mí en deliciosos y húmedos orgasmos incontrolables.
Poco a poco fui entrando en una nebulosa de descargas eléctricas y espasmos hasta llegar a una calma total seguida de la desaparición de toda luz, todo sonido... y todo aroma.
Todo lo que quedó de mi venérea alucinación fue la absoluta oscuridad. 

El calor del mediodía me arrancó del más profundo de los sueños. Desperté con suavidad, muy lentamente. Entonces, cuando mi mente comenzaba con la habitual labor de situarme en el tiempo y en el espacio ocurrió algo totalmente inusual. Yo nunca recordaba mis sueños ni mis pesadillas y toda la secuencia de la noche anterior se me presentaba con enorme nitidez. Podía sentirla a mi lado, su fragancia lo impregnaba todo. Observé la cama y mi cuerpo. Restos de una feroz batalla como para hacer las delicias del C.S.I. Una de mis camisetas de tirantes y dos de mis boxer tirados por el suelo. En mi boca pastosa su delicioso sabor. 
No sé, blanco y en botella, la policía no es tonta, ¡aquí han follado como posesos!.
Me levanté de inmediato como movido por un resorte. 
¿Todo era real?. ¿Que demonios...?
Prepare un café cargado, lo tomé y me fui a la ducha para pensar un poco... y para asearme bien pues así no podía ir a ningún sitio. Un poco de pena si que me dio desprenderme de toda su esencia. De hecho, mientras lo hacía una gran excitación me dominó de nuevo por completo. ¿Qué me estaba pasando?. ¿Me estaría convirtiendo en un obseso sexual de libro?
Me vestí y salí de la estancia con la firme intención de ir a la recepción a buscar repuestas y de paso volver a verla.
Allí estaba, tras el mostrador, con una perfecta sonrisa como siempre. De nuevo mi estúpido semblante nada más verla. Le di los buenos días para seguido soltar toda una retahíla de vanalidades y lugares comunes al tiempo que la radiografiaba en busca de un ápice de complicidad... ¡Nada!, ¡nada de nada!. Ni su sonrisa, ni su mirada, ni su lenguaje corporal daban la más mínima señal de que la pasada noche hubiéramos "confraternizado" estrechamente.
Me despedí amablemente y apesadumbrado salí del edificio para arrastrarme por las calles y meditar sobre todo lo sucedido.
Al poco de comenzar con mis elucubraciones un recuerdo reciente me asaltó pidiendo paso. Había estado leyendo sobre el mito de los súcubos y un tremendo nerviosismo se apoderó de mí. Eran demonios que bajo la apariencia de bellísimas mujeres seducían a varones, sobre todo a monjes e inocentes adolescentes introduciéndose para ello en sus sueños. "Mujeres dotadas de gran sensualidad y una extrema belleza incandescente"
En lo tocante al sexo yo era bastante inocentón e indudablemente la descripción encajaba a la perfección con el ser que me abordó la noche de autos. ¡Joder!, era lo que me faltaba. Solo había una cosa que no encajaba. Súcubo significa "reposar debajo" y estaba claro quien había reposado debajo... en fin.
Ese verano desde luego resulto, además de húmedo y caluroso, muy pero que muy largo.

Poco a poco intenté regresar a una normalidad aparente. Por un lado quería olvidar todo lo sucedido pues me asustaba bastante. Pero por otro lado no podía borrar todas aquellas sensaciones.
Cada viernes caía rendido esperando que regresara la bella, el bello o lo que demonios fuera y nunca mejor dicho. Me dormía a pesar de mis esfuerzos por mantenerme en guardia como cuando de niño esperaba ver aparecer a los reyes magos.
Periódicamente me pasaba por recepción en busca de algo de sosiego pero no lo encontraba. Eso si, ella me seguía poniendo muchísimo.
El verano iba llegando a su fin y aún no lograba escapar de la opresiva incertidumbre en la que vivía inmerso.
Ese viernes era nueve de septiembre, mi cumpleaños, y antes de abandonar la ciudad quise hacer un último intento realizando la misma ceremonia de aquel maldito día de julio.
De nuevo, cálida noche, una vez más, agotado. Procedí a seguir paso por paso la secuencia de marras. No tuve ningún problema pues lo recordaba todo con precisión eidética.
Frugal y frutal cena, la "María", la copa de Jack... solo cambié algún que otro pequeño matiz que en mi opinión no harían sino mejorar el ambiente. Un poco de saxo para el sexo, Kenny G. flotando en un aire perfumado de mil aromas. Pulvericé sobre mi piel un poco de esencia de almizcle. No sabía el efecto que pudiera causar en una hipotética visitante pero a mi, desde luego, me ponía brutísimo. Sobre la cómoda coloque perfectamente planchados, doblados y almizclados una de mis camisetas de tirantes y un boxer. Ambos blancos. Mi ropa interior le sentaba mucho mejor que a mí. ¡Ya lo creo!, más que a un demonio yo recordaba a una diosa. 
Cuando empecé a sentir la narcótica llamada del sueño, me retiré a la habitación dispuesto a entregarme a lo que fuera.
Una vez más caí en un agradable duermevela que me acariciaba los sentidos. Deslicé suavemente los párpados hacia arriba y... ¡siii!, allí estaba de nuevo...

Acabo de caer en la cuenta de que aún queda prácticamente todo el verano para que llegue el día de mi cumpleaños. Así que tendremos que esperar hasta el nueve de septiembre, fecha en la que cumpliré mi primer medio siglo, para conocer el desenlace de esta relato.
  
Hasta entonces, hagánme el favor de ser felices ;)